Los beneficios de un baño de hielo van más allá de la recuperación física. El uso regular puede mejorar el sistema circulatorio del cuerpo al promover un mejor flujo sanguíneo. Cuando el cuerpo se expone al frío, los vasos sanguíneos se contraen y, al salir del baño, se dilatan, lo que puede mejorar la salud cardiovascular general. Los baños de hielo también estimulan el sistema nervioso autónomo, equilibrando las respuestas simpática y parasimpática. Esto puede conducir a una mejor calidad del sueño, ya que el cuerpo puede relajarse y entrar en un estado de descanso más fácilmente. Para personas que padecen dolores crónicos, como la artritis, los baños de hielo pueden proporcionar alivio temporal al adormecer la zona afectada y reducir la inflamación. Un ejemplo es el caso de un corredor de maratón que, tras incorporar baños de hielo a su rutina, experimenta menos dolor articular y mejores patrones de sueño, lo que contribuye a un mejor desempeño en carreras posteriores.